
Isaí Escalada. Hoy ha vuelto el amable conductor de por las tardes, el único que es capaz de detener la guagua pese a que no estés en la parada si ve que fuera está cayendo el diluvio universal y te estás empapando. La semana pasada otro compañero suyo no fue capaz de abrirme las puertas porque llegué dos segundos más tarde de que las cerrara. Tuve que esperar cuarenta minutos de reloj exactos a que llegara la siguiente guagua. Ya se sabe que en cuanto caen dos gotas todo va más despacio, incluso en la capital…
Le he preguntado al amable conductor. Creí que le habían cambiado de turno, de línea o simplemente que le había tocado la lotería y se había fugado a Cancún. Me ha dicho que ha estado seis meses de baja. No he hablado mucho más con él. Solo he añadido que me alegro de volver a verlo y de que ya esté bien. Como yo, el resto de los pasajeros con los que suelo coincidir por las tardes se han alegrado también de verlo y una ligera sonrisa se ha esbozado en sus frías caras. Alivia saber que las próximas tardes de invierno tenemos la mínima esperanza de no quedarnos congelados en la parada de guagua. Qué pereza el invierno.