
Isaí Escalada. Te miro de reojo. Acabas de encenderte un cigarrillo, al que das varias caladas mientras esperas impaciente que te vengan a recoger. Pareces una actriz de cine. Podrías protagonizar cualquier película que te propusieras. Solo tendrías que engatusar al cualquier enamoradizo productor con tus piernas infinitas. Tú lo sabes. Te atusas el pelo. Das una nueva calada. Dos. Tres. El cigarro se consume en tus carnosos labios que no necesitan de pintura de roja para ser resaltados. Te sigo observando en silencio.
El tiempo se esfuma, se extingue, como tu cigarrillo. Le das el último beso y lo tiras al suelo. Lo pisoteas con tus estilizados zapatos de tacón. Te sigo mirando. Vuelves a atusarte el pelo. Siento unas ganas irrefrenables de acercarme a ti, de hablarte, de susurrarte al oído. Entonces, cosa rara en mí, me envalentono y lo hago. Toco tu hombro. Te giras. Sonríes. Te abro mi corazón.
- Perdona, cacho cerda, ¿podrías recoger la colilla y tirarla a la basura?
Me marcho, sin volver la cabeza atrás. Nunca soporté a la gente que tira cosas al suelo y se queda tan ancha.